UE 2009   |  English

Estrategias para el Desarrollo de las Artes, la Innovación y la Diversidad Cultural en la Sociedad del Conocimiento
Redes Sociales, Diálogo Intercultural y Participación Ciudadana en la Construcción Europea
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JUAN JOSÉ ALVARÉZ
Secretario General de Eurobask
www.eurobask.org



Es un placer poder compartir mesa y reflexiones en un foro personal y profesional tan heterogéneo como sugerente, y que logra combinar visiones atomizadas pero a la vez coordinadas en torno a la realidad del hecho cultural europeo. Me identifico como inmigrante digital , no soy nativo digital . Generacionalmente nuestros jóvenes navegan ya en ese terreno con normalidad, y la dimensión de la “cibercultura” abra un universo planetario sin fronteras.

Quisiera plantear mis reflexiones desde el rail de lo jurídico y abrir una dimensión de la cultura distinta de la que se ha podido plantear hasta ahora. Siguiendo el hilo conductor de intervenciones anteriores, quiero recordar ahora la época ilustrada en lo que hoy conocemos como Euskadi: provengo de Bergara, donde se aisló el wolframio o tungsteno, por parte de los hermanos Delhuyar, en una época gloriosa que tiene su origen en el siglo XVIII, en seno de la Real Sociedad Vascongada Amigos del País, exponente de “nuestra” ilustración, y muestra de una idea de Europa que cobra plena vigencia hoy día. Se citaba antes el concepto de metamorfosis, yo me quedaría pensando en Europa y en otra metamorfosis, en la de Ovidio, probablemente la historia de amor jamás mejor contada. A Europa, se dice con frecuencia, le falta encontrar su propia alma, su “relato”. Pues bien, mi afán es el de explicar, desde un enfoque no jurídico qué se puede hacer y qué se está haciendo, porque yo creo que con demasiada frecuencia reprochamos a Europa, como ente genérico, muchas cosas que deberíamos en realidad imputar a los egoísmos nacionales. El ejemplo checo, particularizándolo ahora, es obvio, pero hay otros muchos más, el ejemplo irlandés, el segundo referéndum, y el debate latente (el real) en torno a la ambición por obtener de forma indefinida un puesto en la nueva Comisión Europea.

Las clases políticas dirigentes a nivel estatal, cuando regresan de la bruma de Bruselas y las cosas han ido bien, sacan pecho, diciendo, qué gran negociador soy; cuando no han ido tan bien, alteran el discurso y achacan su “derrota” a los tecnócratas, que están a las dos esquinas de la mesa salvando las distancias de Europa, esa es la realidad, con un segundo añadido, que es que Europa nació a seis Estados, luego a nueve, luego a diez, luego a doce, cuando entramos, España y Portugal, luego a quince, luego el difícil proceso de ampliación a veinticinco Estados y luego, veintisiete más, que en breve verá ampliada su cifra en dos Estados más (Islandia y Croacia, a los que seguirán las Repúblicas Balcánicas). Desde el punto de vista de concepción cultural no nos hemos dado cuenta de lo que eso representa catárticamente, no sólo institucionalmente: llevamos casi veinte años dándole vueltas al andamiaje institucional de la UE y chocamos con un derecho de veto, encarnado en la complejísima regla de unanimidad, ahora suavizada y relativizada gracias a las disposiciones del Tratado de Lisboa.

Y hay toda una dimensión cultural donde yo creo que Europa nos está dando lecciones silentes, que no somos capaces de apreciar suficientemente. Pondré algún ejemplo y me voy al terreno que más me puede interesar, el concepto de familia, el concepto de matrimonio, el concepto de ruptura matrimonial, el concepto de relaciones personales, el concepto de igualdad de género, que está en nuestra Declaración de Bilbao, fruto de este Seminario. Hay numerosas cuestiones en las que, por poner algunos de los ejemplos que estoy citando, Polonia, considera el matrimonio una unión sacramental y el divorcio está, desde ese punto de vista, casualizado: para que el divorcio sea viable deberé exponer causalistamente la razón por la que me quiero divorciar, por qué mi cónyuge es culpable y merecedor del divorcio; frente a ello, y por ir al extremo opuesto, en Finlandia, tenemos el talaq que es un repudio bilateral (similar al islámico, pero bilateral): verbalmente yo puedo dar por terminado un matrimonio,; tercer ejemplo: divorciarte en Italia es lentísimo, por tiempo y proceso y en España, tenemos el divorcio Express.

Son tan sólo cuatro ejemplos y habría más para demostrar la atomizada realidad de un solo fenómeno, el de la familia, y que costó el puesto (afortunadamente, porque creo que eso nos empezó a hacer creer en Europa, a muchos) al fracasado comisario europeo Buttiglione (que por cierto, daría el puesto en libertad, seguridad y justicia de un gran comisario, como era Antonio Vitorino, padre intelectual también del Tratado de Lisboa). Eso demostró que se puede tener una diversidad en la unidad, que es lo que estábamos también tratando de explicar anteriormente, y pongo un ejemplo de lo que Europa está tratando de hacer: no podemos armonizar el divorcio, por seguir con el ejemplo que estaba poniendo, porque siempre que nos guiemos por el derecho de veto, va a ver un Estado que se oponga a todo cambio legislativo, y en cambio vamos a lograr una armonización de mínimos en esa diversidad de la que hablábamos. El ejemplo más llamativo viene representado por Malta, son cuatrocientos mil respetuosos malteses, pero son cuatrocientos mil. Su legislación nacional prohíbe el divorcio, en Malta no te puedes divorciar y sin embargo según reglamento comunitario, una ley comunitaria, dos ciudadanos malteses pueden venir de “turismo divorcista” a Bilbao, conocer el Guggenheim, el Museo de Bellas Artes …¡y divorciarse de mutuo acuerdo en Bilbao, divorciarse al amparo de la ley española, y esa sentencia de divorcio debe ser reconocida y ejecutada por los tribunales malteses, porque hay una norma que ampara tal petición¡

La lección que cabe extraer de este ejemplo es simbólica; Europa nos viene a decir: ustedes tengan la dimensión cultural que quieran, pero la norma de mínimos europea es la posibilidad de la ruptura matrimonial y eso, se logra no ya infringiendo o vulnerando el contenido de cada una de las legislaciones nacionales, sino posibilitando el libre reconocimiento de decisiones judiciales en materia de divorcio: esos dos ciudadanos malteses que de mutuo acuerdo vienen aquí a divorciarse, van a invocar el derecho fundamental al divorcio en el sentido de disolubilidad del matrimonio, y de esa manera se logra esa faceta.

Otro ejemplo, a otro nivel y en el concepto de tratamiento del hecho migratorio en Europa y del manido concepto de la multiculturalidad viene dado por el antes citado repudio islámico y s eventual reconocimiento en Europa. Tal institución es claramente discriminatoria, igual que la poligamia, la poligamia en si misma considerada culturalmente, tiene muy poco que ver con la monogamia sucesiva que hipócritamente cultivamos los europeos, la poligamia tiene un componente discriminatorio, que es que sólo el marido, sólo el hombre, sólo el varón, puede tener hasta cuatro uniones matrimoniales; ése es el componente, además de otro de tipo cultural, ese es el componente discriminatorio, como el repudio islámico, sólo el marido, sólo el hombre, sólo el varón, puede repudiar a la mujer y además, dejarla desvalida desde todo punto de vista de protección de derechos. Pues bien, una pionera sentencia europea aplica un orden público atenuado en esta dimensión cultural. El caso puede resumirse del siguiente modo: una ciudadana marroquí repudiada por su marido marroquí en Rabat, viene a Europa, asienta su vida en Barcelona y decide rehacer su vida con un ciudadano catalán. Se plantea la paradoja jurídico cultural, de que para el derecho español – derecho europeo- el matrimonio originario no está disuelto, porque nosotros repudiamos el repudio, rechazamos el repudio, no admitimos una figura discriminatoria como causa de ruptura matrimonial. Por tanto para nuestro ordenamiento jurídico ese matrimonio está vivo, y la teoría (absurda) conduciría a exigir a esa ciudadana marroquí que se intente divorciar ante los tribunales españoles (cuando para su ordenamiento marroquí ese matrimonio ya estaba disuelto). La segunda paradoja radica en que esa hipotética sentencia de un tribunal europeo, en este caso español, nunca será reconocida, ejecutada por los tribunales marroquíes, por considerar que la misma vulneraría el orden público marroquí, por “choque de civilizaciones”, entendido desde ese punto de vista jurídico cultural.

En esta tesitura el panorama para la pobre ciudadana marroquí es, que para su ordenamiento su matrimonio está disuelto y además, desde ese punto de derechos, desprotegido, y para el derecho, en este caso europeo el matrimonio sigue “vivo”, es decir, le obliga a reandar un iter, un camino, que acaba en la nada, porque obtiene una sentencia de divorcio que sólo le vale aquí y no le vale donde hace falta reconocer ese divorcio que es en Marruecos. Pero una construcción jurisprudencial muy llamativa en la misma línea de diversidad cultural, permite rechazar el repudio pero a los solos efectos de proteger el interés de, en este caso, la ya desvalida mujer marroquí; es decir, admitimos la disolución del vínculo matrimonial a través del repudio para que recupere la capacidad nupcial, es decir, para que el Derecho comunitario consienta un nuevo matrimonio, que además de permitirle construir una unión de vida le permite algo importantísimo, en la dimensión pseudopolicial de la política inmigratoria europeo comunitaria, tener papeles como ciudadana que se ha casado con un ciudadano comunitario y que por tanto, se prevale, se protege de una protección especial.

Son dos ejemplos, podríamos citar muchos más, pero si voy al terreno específico ya, de lo que de alguna manera se debatió aquí, yo creo que estamos en un excelente momento para extraer conclusiones: por un lado, hay que revisitar y reformular la denominada “Estrategia de Lisboa” y se está haciendo, probablemente es un momento idóneo para repensar, porque en todo lo catártico que representó los noes franceses y holandeses al tristemente fracasado intento de constitucionalización del proceso de integración Europea, si de algo positivo se puede extraer es que obligó a repensar la idea europea y hubo una serie de movimientos que muy rápidamente comentaré, que creo aportan datos interesantes.

La estrategia cultural en Europa, igual que ocurre con el deporte y con el fútbol, no se puede tratar como la siderurgia, no es una materia más, no puede abordarse como un capítulo ordinario en la construcción del mercado interior europeo, pero ese componente de especificidad no puede implicar la ausencia de normas. Todo el mundo habla, por ejemplo, de un espacio judicial europeo, y deberíamos empezamos a visualizar también un espacio cultural europeo. Hablamos de modelo social europeo (yo hablaría, en plural, de espacios sociales europeos), para realmente tomar conciencia de ese ámbito y me refiero a algunos temas interesantes, vuelvo al ejemplo de familia, siempre se ha entendido que entre socios comunitarios hay ciertas prácticas que, digamos, no deben de ser admitidas o deben tener un coto inmediato jurídico, vuelvo al campo de familia que está muy unido, yo creo, a las concepciones culturales, el tema de la custodia y visita de los menores tras una ruptura matrimonial: disponemos de un Reglamento, una ley comunitaria, que persigue garantizar la restitución inmediata del menor al país de origen, sobretodo cuando esto sea en clave comunitaria, entendiendo que entre familias jurídicas no es posible permitir que haya esta situación, en la que un cónyuge coge a los hijos habidos en el matrimonio, se los lleva aprovechando un derecho de visita, su destino está ubicado en otra frontera jurídica y estatal y se prevale de esa frontera jurídica y estatal para alterar el statu quo originario.

Tenemos necesidad de proteger y valorizar el patrimonio cultural europeo por encima de las fronteras nacionales. Hay también deslocalizaciones de obras culturales, que esconden también un debate, yo creo que interesante pero lo dejo solamente a efectos de señalarlo ahí, sólo quería subrayar dos ideas finales para terminar, la primera que se dijo al hilo de un interesante congreso en Salzburgo, después del fracaso de la constitucionalización del proceso europeo, que el debate sobre la identidad y los valores europeos era el verdadero debate interesante en ese momento y que Europa, no es un automóvil, no basta con cambiarle una pieza para que siga funcionando, sino que requiere una medicina. Y la cultura, el intercambio cultural, la sana confrontación e interacción de culturas es una excelente medicina, desde ese punto de vista, para integrar más Europa.

Debemos concienciar a nuestros jóvenes: Europa es una realidad ya existente pero en permanente construcción, inacaba (y por ello, débil), y deben ser conscientes de lo que ha costado llegar hasta ese punto. Tenemos toda una cultura, un patrimonio cultural que es el futuro y presente de Europa, y esa dimensión cultural es la que por encima de otras muchas cosas, puede generar un sentimiento de pertenencia política a Europa, puede hacer irreversible ese proceso. Recordemos la utopía (hecha realidad) de la paz en Europa. Sólo por eso todos debiéramos firmar lo que tenemos hoy día..¿y la utopía de un orden económico duradero, un orden económico duradero y ecológicamente responsable? Es necesaria, si, pero debe ser completada por una utopía cultural y una utopía de la educación a nivel europeo. Termino mi breve intervención con dos citas, a modo de perlas dialécticas: Denis de Rougemont dejó escrito que la cultura es un conjunto de sueños y de esfuerzos, que tienden a la total realización del hombre, y que la cultura exige un pacto paradójico, hacer de la diversidad el principio de la unidad, celebrar las diferencias, no para dividir sino para enriquecerla aún más: Europa es una cultura o no es nada, Darío Fo, un referente y agitador cultural, nos recordaba con memoria histórica que, antes incluso de que Europa estuviera unida en el plano económico o fuera concebida a nivel de los intereses económicos, del comercio, era la cultura lo que unía a todos los países de Europa. Las artes, la literatura, la música, son el cimiento de Europa.

Y tuvo que ser un pensador oriental quien nos recordara que la cultura no es un lujo sino una necesidad. No es un mero capricho intelectual, es la base sobre la que cimentar una nueva Europa, hacia el futuro y anclada en su riqueza cultural.


[+ intervenciones...]

 

 

 

 

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